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Siniestra

Enviado por Erenio el 11/12/2007 a las 10:23
Erenio
Me siento y espero. Espero a que llegue.

A través de las ventanas contemplo el caer de la noche. Oigo los corazones romperse a kilómetros de distancia, y su sonido se me clava como mil estacas de madera en el lugar equivocado. Respiro el llanto amargo de la soledad que me inunda, de ésta tristeza constante e inexplicable que ha acabado caracterizando mi vida. Siento el hedor a muerte que en breves purificará está habitación.

Y sigo esperando, envuelta en un mar de pensamientos nefastos. Una catártica agonía que sólo será el principio del fin. El fin de todo lo que conozco. El fin de la persona que un día fui. Y de la que ya no seré. Mi putrefacta mente me ha dictado los pasos a seguir, todos y cada uno de ellos escrupulosamente estudiados para que nada falle. Para que nada me detenga en el penoso acto de desesperación que estoy a punto de cometer. Me reconforta pensar que no será el fin. Sino el principio.

Y sigo esperando, pero ya se acerca el momento. La oscuridad será mi aliada y confidente, y sólo los reflejos de la luna serán testigos de mi locura eternamente pasajera. En mis manos duerme placidamente la salvación. Será rápido, será ¿indoloro? Será incluso poco ruidoso. Será desagradable para quien lo descubra, doloroso para los que dejo e incomprensible para todo el mundo, excepto para mi.

Puedo notar como el momento está cerca. Todos duermen, todos sueñan. Yo también pero despierta. Sueño con que las cosas no fueran como tendrán que ser. Sueño con no haber tenido que recurrir a esto, de verdad que no quería hacerlo, pero mi mente me juega malas pasadas. Genera momentos de insoportable dolor espiritual, momentos de intensa agonía funeraria y obsesa. Sólo el leve recuerdo de una persona me mantiene ligada a la vida. El era todo lo que necesitaba, el único que me comprendía sin decirle nada, el único amigo que tuve, el único a quien quise de verdad. Pero ahora, pero hoy... ni siquiera su recuerdo o se presencia podrían evitar el ?desastre?. Y si todavía sigo aquí, es por el.

Las tenues luces que atraviesan mi ventana me dicen que ya es el momento. No me hago esperar. Lo he deseado tanto tiempo que casi lloro de emoción. Voy a hacerlo. Por fin las palabras han dejado paso a los hechos. El mundo será un lugar mucho mejor sin mi.

Suave y delicadamente apunto a mi cabeza. Contemplo todo aquello que me rodea como si fuera la primera vez que lo veo, pero será la última. Posters, discos, libros, fotos, papales, comida, cuadros, dibujos, teléfonos, ropa... todo supone nada. Una lágrima comienza a resbalar por mi mejilla. Antes de que me falten fuerzas, cierro los ojos como queriendo llevarme algún escaso buen recuerdo conmigo, respiro profundamente y... disparo.

Puedo sentir como llega, la espera ha terminado. Un oscuro desfile de recuerdos atormentados pasan fugazmente por mi memoria. La oscuridad absoluta se apodera de mi ser y la sangre comienza a brotar quitándome la vida. Puedo sentirlo. No ha dolido, pero tampoco ha sido indoloro. Durante una décima de segundo me he arrepentido de haberlo hecho, pero no he tenido tiempo de volver atrás. He hecho explotar mi cabeza y reventar el motivo de mi paranoia. He acallado las voces que me decían que era una estupidez. Lo ha sido, pero ya es tarde. Y pese a la contradicción que supone decirlo, el momento mas doloroso de mi vida, ha sido también el mas feliz. La felicidad se encuentra en los s lugares mas insospechados, en mi caso, en el momento justo en que me quité la vida.

Y no ha sido culpa de nadie, nadie podía evitar esto. Las palabras nunca fueron un buen tratamiento, cuando algo está podrido, no hay nada que hacer, a no ser que se extirpe. Era sencillamente inevitable. Fue un acto egoísta lo sé, y también desesperado. Me había cansado de pedir ayuda con gritos ahogados. Que hablara de ciertos temas con un humor un poco funesto y retorcido, no implica que hablara en broma precisamente. Todo chiste esconde una verdad. En mi caso, escondían la única verdad. Pero ya es tarde para filosofar sobre mi desastrosa y fracasada vida de estudiante mediocre y deprimida que veía su vida pasar como un incesante desfile de máscaras oscuras y mentiras que encubrían la verdad de una vida patética y miserable.

Lo siento por los que he dejado aquí, siento que no hayan sido suficiente para lograr mantenerme viva. Siento haber sido tan rastrera y egoísta, siento que nadie haya podido ayudarme, mejor dicho, siento no haberme dejado ayudar por nadie. Siento mucho haber dejado a mis tétricos pensamientos apoderarse por completo de mi torturada alma. He sido patética hasta para morir.

Pero ahora iré a un lugar infinitamente mejor (cualquiera sería mejor que lo que había antes, eso desde luego...) Ahora iré al cielo. ¿Qué cómo se que iré al cielo?

Pues porque ya he estado en el infierno.
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